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NUEVA CARNE, CUERPO SIN ÓRGANOS Y ESCATOLOGÍA DE LA ENFERMEDAD EN JEAN-LUC NANCY Por Adolfo Vásquez Rocca

junio 15, 2008

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Jean-Luc Nancy por Adolfo Vásquez Rocca


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Vásquez Rocca. Adolfo, “Las Metáforas del Cuerpo en la Filosofía de Jean-Luc Nancy; Nueva carne, cuerpo sin órganos y escatología de la enfermedad“.En Revista ALEPH ZERO Nº 47. Enero – Marzo, 2008, Escuela de Ingeniería y Ciencias, UNIVERSIDAD DE LAS AMÉRICAS PUEBLA, MÉXICO.  indexada en LATINDEX.
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NUEVA CARNE, CUERPO SIN ÓRGANOS Y ESCATOLOGÍA DE LA ENFERMEDAD

LAS METÁFORAS CUERPO EN LA FILOSOFÍA DE JEAN-LUC NANCY;

Nueva carne, cuerpo sin órganos y escatología de la enfermedad.

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso – Universidad Complutense de Madrid.

Resumen:

Se indaga el pensamiento de Jean-Luc Nancy en torno al cuerpo, en particular su tesis de que no tenemos un cuerpo, sino que -más bien- lo somos, para luego del sujeto como exterioridad y exposición infinita, como cuerpo volcado hacia fuera. Se propone una discusión en torno al estatuto ontológico y epistémico del cuerpo y las prácticas médicas asociadas a las experiencias traumáticas y límites del mismo, con particular atención al trasplante, donde se ausculta el debate entre quienes pretenden ver en este una aventura metafísica y quienes lo conciben como una proeza técnica, donde no sólo conforman nuevas formas de subjetividad, sino también una ‘nueva carne”. Así en las las fronteras entre lo natural y lo artificial surge la posibilidad pensar en un cuerpo fragmentado, en un cuerpo cuyos órganos se hayan emancipado, en lo que Deleuze y Guattari llamaron un Cuerpo Sin Órganos.

Palabras Clave:

Cuerpo, organismo, filosofía, enfermedad, iatrofilosofía, órgano, trasplante, diferencia, escritura, alteridad, muerte.

1.- Corpus; La Filosofía del cuerpo de Jean-Luc Nancy.

En su obra Corpus[1] publicado en Francia en 1992, Jean Luc Nancy[2] desarrolla su Filosofía del cuerpo. Aquí ensaya eliminar toda distancia entre la escritura y el sujeto -que se inscribe en ella-, desarrollando para estos fines los necesarios neologismos propios de toda nueva ontología, en este caso una ontología del cuerpo.

“El cuerpo ya no es el obstáculo que separa al pensamiento de sí mismo”[3]. Esta afirmación de Deleuze reinstala al cuerpo en el dominio del pensamiento. Su capacidad de metamorfosis y de vértigos nos fuerza a interrogar su régimen de signos y valores tanto en el terreno estético-artístico como en el médico-antropológico. La DanzaTeatro[4] y el psicodrama analítico -como estrategias de puesta en escena del cuerpo- pondrán en cuestión los automatismos psíquicos y sociales más comunes. Siendo de este modo las pulsiones del cuerpo, sus vibraciones, su anatomía como destino y su morfo-fisiología las condiciones de posibilidad de los gestos, los que nos imprimen y dotan no sólo de una posición ética, sino también –y fundamentalmente– estética en la constitución de nuestra subjetividad. El vigor, la elegancia, el heroísmo o el júbilo no sólo responden a un talante ético, sino que originariamente son imágenes estéticas que proveen los cuerpos. El cuerpo así pensado se afirma como comportamiento y gesto, como ethos y pathos.

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El cuerpo es para Jean-Luc Nancy una certidumbre confundida, hecha astillas. El cuerpo es un producto tardío, una decantación de Occidente en la que aparece lo desastroso como nuestra angustia puesta al desnudo.

En las representaciones del cuerpo del siglo XX es particularmente interesante la visión siniestra de lo orgánico que transmiten algunos autores en sus obras. Sin duda fueron de gran influencia en este sentido George Bataille, Artaud, Hans Bellmer y sus inquietantes muñecas[5], junto a manifestaciones más recientes como los sacrificios animales de Wols, o las automutilaciones de Günter Brus, etc. Estas representaciones extremas de la corporalidad quieren contradecir el arquetipo generado por los medios de comunicación del ideal excluyente del cuerpo sano y joven, el cuerpo narcisista, y reivindicar esa parte maldita sometida a la temporalidad, al dolor, y en último extremo a la muerte.

En nuestra cultura se privilegia el sentido de la vista, mientras que la aproximación olfativa, táctil y acústica -los olores, las texturas y los sonidos- están totalmente proscritos. Lo que ha ocurrido es que la sociedad occidental ha privilegiado la distancia física y la mirada por encima de cualquier otro sentido, hasta tal punto que nuestras experiencias corporales están reducidas, en la mayoría de los casos al sentido de la vista[6].

En la negación de los otros sentidos parece latir el deseo de olvidar el cuerpo como algo perecedero y precario, que sólo aparece en momentos límite de dolor, placer, sexualidad, fatiga, heridas, como las performances de Beuys, etc. Desde que Rodin iniciara un modo de representación “tortuosa” del cuerpo con su obra “El hombre de la nariz rota” de 1864 donde por primera vez desaparece la experiencia de la representación del cuerpo como unidad, la complejización de la representación del cuerpo no ha hecho más que acentuarse. A partir de esta obra comienzan a aparecer representaciones parciales, órganos separados, sobre todo sexuales, que posteriormente Deleuze y Guattari llamarán máquinas deseantes[7]. Este proceso de descomposición y fragmentación del cuerpo se hará más radical en autores como Nauman, Sherman y Gober que en los años 80 y 90 se verán afectados por la realidad del SIDA que incidirá en la idea del cuerpo precario, fragmentario, sometido a la temporalidad[8] y la decrepitud.


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En su obra Nancy recorre precisamente este cuerpo, en su morfología y organización, esto es, como una suma, como un corpus. Ahora bien, esta descripción del conjunto de manifestaciones del cuerpo se sustrae de las imágenes y el discurso del organismo desde los cuales ha sido explicado siempre –constituyéndose así en un contra-discurso, esto es, en una crítica literaria-epistemológica. Este modo de hacer hablar al cuerpo lo sustrae del horizonte bio–teleológico del organismo para entregarlo al horizonte del acontecimiento, lo cual implica dejar de pensar en un cuerpo organizado sobre la base de una finalidad separada de sí mismo, ya sea que le trascienda o le anteceda. Ya no se podrá hablar de finalidades en función de un cuerpo post–orgánico o in–orgánico que se encuentra direccionado a un fin trascendente, sino que lo que acontece, sucede como evento determinado en sí mismo. El cuerpo es un objeto dado a un pensamiento finito. De allí la afirmación fundamental de Nancy: “no tenemos un cuerpo, sino que somos un cuerpo”[9].

La eclosión de las nuevas tecnologías no sólo está conformando nuevas formas de subjetividad, sino también, y esto es lo más provocador, una ‘nueva carne’. El cuerpo ha dejado de ser algo natural. Proliferan los implantes y los injertos en una rediseño paroxista del cuerpo humano, sometido ya no sólo a la auscultación, sino a su hibridación, fragmentación e incluso a su vaciamiento.

El cuerpo ha dejado de ser natural, ingiere alimentos elaborados agrotecnológicamente; se somete a trasplantes, recibe prótesis diseñadas para servirle de extensión.

La morfología y la anatomía se encuentran en la mesa de disección de la biotectología, que trabaja a partir de la fatiga del material humano, de la deriva identitaria de los cuerpos. El hombre que ha dejado de ser humano, para adentrarse en una condición pos-humana, el trasplantado, el cyborg, el androide -con referencias a la cópula animal-máquina. O tal vez se trate de máquinas célibes. De injertos, prótesis e implantes en las fronteras entre lo natural y lo artificial.

Operando desde las imágenes la desestabilización del cuerpo como un híbrido difícil de precisar, estas operaciones teóricas -por momentos turbadoras- develan al sujeto contemporáneo en su radical alteridad, en el límite de no ser ya él mismo, de estar ya desposeído de sí, sin intimidad posible, totalmente expuesto en la sociedad del espectáculo, volcado hacia las formas de la exterioridad.

La reflexión sobre el cuerpo es así una clave hermenéutica para leer el momento posthumano[10]. El tema del cuerpo nos conduce a posiciones filosóficas, artísticas[11], científicas y tecnológicas encontradas, donde intentan prevalecer intereses económicos asociados a la nueva industria de la ingeniería genética y las prácticas biotecnológicas a ella asociadas. El uso y abuso de la imagen del cuerpo en la publicidad, el arte, la prensa y el cine de anticipación aumenta nuestro desasosiego ante un cuerpo humano que sabemos en constante reestructuración y re-diseño, escindido ente lo natural y lo artificial.

El cuerpo pierde así sus dimensiones, su capacidad representativa para acoplarse indiferenciadamente con nuevas máquinas y nuevas sustancias (psicotrópicas) transformándose en un híbrido biológico-químico. Dando paso a la posibilidad de pensar en un cuerpo fragmentado, en un cuerpo cuyos órganos se hayan emancipado, en lo que Deleuze y Guattari llamaron un Cuerpo Sin Órganos[12].

Para Deleuze y Guattari no es posible acceder al cuerpo sin Órganos, él es un límite. Sin embargo él ya se avizora -ya nos asomamos- y -de algún modo- ya estamos en él.

El cuerpo sin Órganos está en marcha: los órganos destruidos en el cuerpo hipocondríaco; los órganos atacados por influjos, pero también reconstituidos por energías exteriores en el cuerpo paranoico; la lucha interior activa librada contra los órganos, y que acaba en la catatonia, en el cuerpo esquizofrénico; podemos así visualizarlo proyectivamente arrastrándose todavía amorfo, “tanteando como un ciego o corriendo como un loco, viajero del desierto y nómada de la estepa. En él dormimos, velamos, combatimos, vencemos y somos vencidos, buscamos nuestro sitio, conocemos nuestras dichas más inauditas y nuestras más fabulosas caídas, penetramos y somos penetrados, amamos”[13].

El cuerpo sin órganos es así un conjunto de prácticas para lograr desprenderse del cuerpo. El cuerpo sin órganos sólo puede estar poblado por intensidades de dolor. Sólo las intensidades pasan y circulan[14].

La verdad del sujeto es su exterioridad y su excesividad: su exposición infinita, el cuerpo volcado hacia fuera. De esto se desprende una iatrofilosofía: No hay enfermedades o, si se quiere, no tenemos enfermedades, lo que hay son enfermos. “Soy la enfermedad y la medicina, soy la célula cancerosa y el órgano trasplantado, soy los agentes inmunodepresores y sus paliativos, soy los ganchos de hilo de acero que me sostienen el esternón y soy ese sitio de inyección cosido permanentemente bajo la clavícula, así como ya era, por otra parte, esos clavos en la cadera y esa placa en la ingle”[15].

Aquí se puede advertir que esta idea gravita alrededor del discurso de Derrida sobre la Diferencia: la diferencia entre el pensamiento y el cuerpo, entre forma y contenido. Aquí Corpus expone un concepto de cuerpo que se contrapone a la concepción platónica del cuerpo como cárcel o receptáculo del alma. La idea e imagen de un contenedor da paso a una metáfora de la deconstrucción orgánica -en este caso del texto, a través de la cual Nancy no quiere escribir del o sobre el cuerpo, sino quiere escribir e inscribir el cuerpo. Escribir el cuerpo significa hacer inscripciones sobre él, tocarlo y esculpirlo con el pensamiento, desarrollar una somato-grafía, para hacer que el cuerpo mismo sea leído. “Hay, en conclusión, casi una promesa de callar. Y no tanto de callar a propósito del cuerpo, sino más bien de callar al cuerpo, sustrayéndolo materialmente a las improntas significantes, aquí, directamente, en la pagina escrita y leída”[16]. Es una tentativa de comunicar el cuerpo sin significarlo, de plasmar el texto siguiendo las formas de la carne. La escritura apropiada del cuerpo se posiciona sobre el límite que separa el pensamiento desde el cuerpo, del cual el lenguaje toca su indecible alteridad. Más que en la escritura, en su límite: “La escritura tiene su lugar en el limite (…). A la escritura le corresponde sólo tocar al cuerpo con lo incorpóreo del sentido y de convertir, entonces, lo incorpóreo en tocante y el sentido en un toque (…). La escritura llega a los cuerpos según el límite absoluto que separa el sentido de ella, de la piel y los nervios de ellos. Nada pasa, y es exactamente allí que se toca”[17].

La escritura apropiada del cuerpo se posiciona sobre el límite que separa el pensamiento desde el cuerpo, del cual el lenguaje toca su indecible alteridad. Más que en la escritura, en su límite, en su punto extremo, en la extremidad de la escritura[18]. “La escritura tiene su lugar en el limite (…). A la escritura le corresponde sólo tocar al cuerpo con lo incorpóreo del sentido y de convertir, entonces, lo incorpóreo en tocante y el sentido en un toque (…). La escritura llega a los cuerpos según el límite absoluto que separa el sentido de ella, de la piel y los nervios de ellos. Nada pasa, y es exactamente allí que se toca”[19].

El cuerpo es un límite porque este es aquella zona neutra en la cual lo conocido desemboca en lo otro respecto de sí. La línea de separación es el único lugar desde el cual el lenguaje toca lo indescriptible, y desde el cual el pensamiento puede, en una intuición fugaz, tocar el cuerpo, dejándolo en lo que es, pura alteridad.

Ahora bien, desde otra perspectiva puede -además- señalarse siguiendo a Nancy que el ser de los sentidos, esto es, del cuerpo volcado hacia fuera, no sería otro que el de la noción misma [en sentido puro] de “sentido” en tanto dirección sexual del cuerpo hacia el otro inalcanzable. De ahí que el sentido no pueda quedar jamás concluido o clausurado sobre sí mismo y que la pregunta por el sentido, de la vida o de cualquier ente o ser se inscriba en la dura corporalidad y en la relación sin relación de la diferencia sexual o de la preposición “con” que separa a los que se tocan. La pregunta filosófica por el sentido sería un gesto de aproximación hacia la distancia intransitable, excesiva que evidencia la misma separación que trata de cruzar y homenajear la caricia de otro cuerpo. Por eso escribe quizá Nancy en El olvido de la filosofía[20]: “Nosotros somos el sentido”. Explicando allí cómo el reino del significar, con su consustancial síntesis de lo inteligible y lo sensible funcionando en toda la historia de Occidente, ha llegado a su agotamiento; hoy el sentido salta sobre la clausura del significar y sitúa al pensamiento en el límite de un sentido sin significado. En Corpus la experiencia del sentido y de la libertad se escribe con el cuerpo o, más bien habría que decir, el cuerpo es la libertad desencadenándose, escribiéndose en tanto se entrega a lo que disemina desde fuera su identidad. El “proyecto” de una búsqueda de un nuevo pensamiento de la libertad[21], que respetara la libertad hasta el punto de sustraer su pensamiento o su acción a toda idea, puesto que la idea es el modelo de la identidad inmutable, se reactiva quizá de un modo novedoso en esta filosofía del cuerpo y del ser como comunicación.

La idea de cuerpo que surge es esa de lugar de abertura del ser, lugar de existencia. El lugar es un espacio abierto, indefinido, a–céfalo y a–fálico, a– estructural, que recibe la propia estructura por el pensamiento que cada vez lo piensa. La característica de un cuerpo es el de ser una exterioridad no pensable en sí misma, ni pensante, una alteridad que pesa fuera del pensamiento y que lo fuerza a calibrar alrededor de sí misma el propio movimiento, porque más allá de él no hay nada. Así como la piel que nos recubre es el umbral en el cual sucede nuestra exposición al exterior, sobre el cual se conectan y se cruzan las diferentes “estesias”, por medio de las cuales nos tocamos y entramos en contacto. El cuerpo es el ser aquí y ahora, es la exposición de la existencia, la superficie. Cada zona del cuerpo tiene en sí misma el valor de lugar de exposición del ser, sin algún telos extrínseco. El cuerpo es la exposición finita de la existencia que en eso se vuelve evidencia. Si para Descartes la verdad del pensamiento es la única clara y distinta, para Nancy la única verdad es la evidencia sensible aquí y ahora de este cuerpo, de esta materia, sin jerarquías, en cada uno de sus lugares.

El conocimiento del, y por medio del, cuerpo nunca es total y absoluto, sino modal y fragmentado, y la forma del discurso que mejor lleva tal saber es la de un Corpus, justamente, una cartografía, una elenco de las zonas del cuerpo que ofrece un conjunto de acercamientos ecuos, mostrando todo lo que puede ser para nuestra exploración sin programa ni prejuicio. Lo que importa en Corpus no es el todo orgánico, sino las partes constitutivas y sus posibles, en cuanto múltiples, relaciones. Fragmentación, suspensión e interrupción, devienen en importantes características de dicho texto, porque cada parte tiene el mismo valor, y es un lugar de venida a la presencia del cuerpo, y por consecuencia del ser.


2.- Metáforas y escatología de la enfermedad; Autotrasplante.

Nada tiene que ver el dolor con el dolor

nada tiene que ver la desesperación con la desesperación

Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas

No hay nombres en la zona muda

Allí, según una imagen de uso, viciada espera la muerte a sus nuevos amantes

acicalada hasta la repugnancia, y los médicos

son sus peluqueros, sus manicuros, sus usurarios,

la mezquinan, la dosifican, la domestican, la encarecen

porque esa bestia tufosa es una tremenda devoradora

Nada tiene que ver la muerte con esta imagen de la que me retracto

todas nuestras maneras de referirnos a las cosas están viciadas

y éste no es más que otro modo de viciarlas.[22]

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Enrique Lihn, Diario de Muerte

– Muchas de las pestes y enfermedades que diezmaban a grandes porciones de la población mundial han sido controladas, otras tantas comienzan a surgir. Al mutar nuestro entorno, al modificarse nuestros modos de vida y -como resultado- nuestros propios cuerpos, nos enfrentamos a nuevos e inesperados males, los que se ciernen sigilosos desde la zona muda.

No es absurdo suponer que el exterminio del hombre comienza con el exterminio de sus gérmenes[23]. Tal como es, con sus humores, sus pasiones, su sexo, sus fluidos y secreciones, el propio hombre no es más que un sucio y pequeño germen, un virus irracional y aleatorio que altera y pone a su mundo en estado de alerta permanente. La posibilidad de la avería, la latente potencia viral, epidémica y virulenta generan nuestras prótesis protectoras, nuestras fantasías genéticas como sistemas de defensa inmunológicos.

La muerte, tal como la describe Jean- Luc Nancy, es la devoradora que asoma su peor faz en esa bestia tufosa que llamamos cáncer: un linfoma del que nunca habíamos notado más que su eventualidad, señalada en el prospecto de la ciclosporina[24]. Un intruso cuya irrupción obedece a alguna baja inmunitaria o la locura expansiva de alguna célula. El cáncer es el rostro estragado del intruso. Extraño a nosotros mismos en el nos enajenamos y esto con independencia a la naturaleza exógena o endógena de los fenómenos cancerosos. La imaginación resulta inútil para todas las posibilidades que alberga este trance, todas nuestras maneras de referirnos a él están viciadas.

El tratamiento exige una intrusión violenta. Incorpora invasivas quimio y radioterapias. Al mismo tiempo que el linfoma roe el cuerpo y lo agota, los tratamientos lo atacan y lo debilitan. Aun la morfina, que calma los dolores, provoca otro sufrimiento: el embrutecimiento y el extravío.

El tratamiento más elaborado se denomina “autotrasplante” (o “trasplante de células madre”): después de haber vuelto a activar la producción linfocitaria por medio de “factores de crecimiento”, durante cinco días seguidos extrae glóbulos blancos (se hace circular toda la sangre fuera del cuerpo y los extraen mientras esta circula). Los congelan. Luego el paciente es puesto en una cámara estéril durante tres semanas donde le aplican una fuerte quimioterapia, que deprime la producción de la médula antes de reactivarla mediante el reimplante de las células madre congeladas (sobrevuela un extraño olor a ajo durante este procedimiento…). La baja inmunitaria llega a niveles extremos y genera fuertes fiebres, micosis, trastornos en serie, antes de que la producción de linfocitos se recupere[25]. Aquí, en El intruso este raro ensayo de extracción netamente autobiográfica, Jean-Luc Nancy cuenta y analiza su propio trasplante de corazón. Más allá de las previsibles preguntas sobre la técnica y su relación con el hombre, Nancy no sólo se permite el uso robusto de la primera persona, sino que no evita formas cursis. “Un corazón que late a medias es sólo a medias mi corazón”, escribe en un momento.

Se sale desorientado de la aventura. Uno ya no se reconoce: pero “reconocer” no tiene ahora sentido. Uno no tarda en ser una mera fluctuación, una suspensión de ajenidad entre estados mal identificados, dolores, impotencias, desfallecimientos. La relación consigo mismo se convierte en un problema, una dificultad o una opacidad: se da a través del mal o del miedo, ya no hay nada inmediato, y las mediaciones cansan.

La identidad vacía de un “yo” ya no puede reposar en su simple adecuación de identidad, cuando se enuncia: “yo sufro” se implican dos yoes extraños uno al otro (pero que sin embargo se tocan). En este “yo sufro” escindido, un yo rechaza al otro[26].

Yo termino/termina por no ser más que un hilo tenue, de dolor en dolor y de ajenidad en ajenidad. Se llega a cierta continuidad en las intrusiones, un régimen permanente de la intrusión: a la ingesta más que cotidiana de medicamentos y a los controles en el hospital se agregan las consecuencias dentales de la radioterapia, así como la pérdida de saliva, el control de los alimentos y el de los contactos contagiosos, el debilitamiento de los músculos y de los riñones, la disminución de la memoria y de la fuerza para trabajar, la lectura de los análisis, las reincidencias insidiosas de la mucositis, la candidiasis o la polineuritis, y esa sensación general de no ser ya disociable de una red de medidas, de observaciones, de conexiones químicas, institucionales, simbólicas, que no se dejan ignorar como las que constituyen la trama de la vida corriente y, por el contrario, mantienen incesante y expresamente advertida a la vida de su presencia y su vigilancia. Soy ahora indisociable de una disociación polimorfa.

Aquí también cabe preguntarse ¿Qué es lo que acontece en la vivencia disociada del trasplantando? Todos los signos pueden oscilar, todos los puntos de referencia invertirse, sin reflexión e incluso sin identificación de ningún acto ni de permutación alguna.

¿Yo (quién), “yo”?; esta es precisamente la pregunta, la vieja pregunta: ¿cuál es ese sujeto de la enunciación, siempre ajeno al sujeto de su enunciado, respecto del cual es forzosamente el intruso, y sin embargo, nuestra fuerza, de ese otro “yo” hemos recibido el corazón, el corazón de otro.

Hace menos de cuarenta años atrás no se hacían trasplantes, y sobre todo, no se recurría a la ciclosporina, que protege contra el rechazo del órgano trasplantado. Dentro de veinte años seguramente se practicarán otros trasplantes, con otros medios. Se produce un cruce entre una contingencia personal y una contingencia en la historia de las técnicas. Antes, ya habríamos muerto; más adelante seríamos, por el contrario, unos sobrevivientes. Pero siempre ese «yo» se encuentra estrechamente aprisionado en un nicho de posibilidades técnicas. Por eso es vano el debate entre quienes pretenden que sea una aventura metafísica y quienes lo conciben como una proeza técnica: se trata por cierto de ambas, una dentro de otra.

Ahora bien, la posibilidad del rechazo nos instala en una doble ajenidad: por una parte, la del corazón trasplantado, que el organismo identifica y ataca en cuanto ajeno; por otra, la del estado en que la medicina instala al trasplantado para protegerlo. Deduce su inmunidad para que soporte al extranjero. Lo convierte, entonces, en extranjero para sí mismo, para esta identidad inmunitaria que es un poco su firma fisiológica.

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Adolfo Vásquez Rocca

Dr. Adolfo Vásquez Rocca.

LAS METÁFORAS CUERPO Y ESCATOLOGÍA DE LA ENFERMEDAD EN JEAN-LUC NANCY Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización: Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología, Escuela de Psicología PUCV, Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Secretario de Ejecutivo de PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de la PUCV http://www.philosophica.ucv.cl/editorial.htm, Editor Asociado de Psikeba —Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires— http://www.psikeba.com.ar/, miembro del Consejo Editorial de Escaner Cultural —Revista de arte contemporáneo y nuevas tendencias— http://www.escaner.cl/ y Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.

Bibliografía:

NANCY, Jean Luc , Corpus, Ed. A.M. Métaillié, París, 1992.

1. NANCY, Jean Luc; Corpus. Ed. Cronopio, Napoli, 1995 y 2001

2. NANCY, Jean Luc; Corpus. Ed. Arena Libros, Madrid, 2003

3. NANCY, Jean Luc , Corpus, Ed. A.M. Métaillié, París, 1992.

4. NANCY, Jean- Luc, El Intruso, Éditions Galilée, París, 2000 Traducción: Margarita Martínez, Buenos Aires, Amorrortu, 2006, Colección Nómadas.

NANCY, Jean Luc; Loubli de la philosophie, 1986 (El olvido de la filosofía, Arena Libros, Madrid, 2003).

NANCY, Jean Luc; L’intruso. Ed. Cronopio, Napoli,2000

NANCY, Jean Luc; Lexperience de la liberté, 1988 (La experiencia de la libertad, Paidós, Barcelona, 1996)

NANCY, Jean Luc; Une pensée finie, 1990 (Un pensamiento finito, Anthropos, Barcelona, 2002).

NANCY, Jean Luc; L»il y a » du rapport sexuel, 2001 (El “hay de la relación sexual”, Síntesis, Madrid, 2003)

NANCY, Jean Luc, Un pensamiento finito, trad. J. C. Moreno Romo, Barcelona, Anthropos, 2002.

NANCY, Jean Luc; La création du monde- ou la mondialisation, 2002 (La creación del mundo o la mundialización, Paidós, Barcelona, 2003).

NUEVA CARNE, CUERPO SIN ÓRGANOS Y ESCATOLOGÍA DE LA ENFERMEDAD EN J-L NANCY Por Adolfo Vásquez Rocca



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La filosofía del cuerpo de Jean-Luc Nancy; metáforas y escatología de la enfermedad
Adolfo Vásquez Rocca

[1] NANCY, Jean Luc , Corpus, Ed. A.M. Métaillié, París, 1992 / versión italiana: NANCY, Jean Luc, Corpus. Ed. Cronopio, Napoli, 2001; en español: NANCY, Jean Luc; Corpus. Ed. Arena Libros, Madrid, 2003

[2] JEAN-LUC NANCY (Burdeos, 1940) es profesor de Filosofía de la Universidad de Estrasburgo desde 1968. Ha sido profesor invitado en las Universidades de Berkeley y de Berlín. Colaborador cercano de Ph. Lacoue-Labarte con quien ha escrito, entre otros, el libro El mito nazi; y de J. Derrida (el cual ha publicado un texto sobre él, Le toucher, Jean-Luc Nancy, 2000); dirige con ambos la colección “La Philosophie en Effet”, de la Ed. Galilée. Ha editado más de treinta libros cuyos temas más importantes se refieren a la comunidad, la libertad, el sentido y la pluralidad de las artes; entre sus obras más destacadas de se cuentan Corpus (1992) y El Intruso, además han sido traducidos al castellano La experiencia de la libertad y La comunidad desobrada. Colabora en las revistas españolas Archipiélago y Sileno.

Nancy forma parte de lo más visible de una segunda línea de pensadores franceses, semifamosos fuera de su país, referentes locales en París y en otras universidades del mundo. Continuando una tradición ecléctica pero delimitable del ensayo erudito, más fácil de reconocer por sus tics y su estilo antes que por sus objetos de estudio, Nancy viene acumulando prestigio y una extensa obra cuyos giros hacia la literatura, el arte o la política –sobre la que teoriza con relativo éxito desde principios de la década del 80– no logran sacarlo de la nomenclatura, siempre vaporosa, de “filósofo”.

[3] DELEUZE, Gilles , La imagen-tiempo, Estudios sobre cine 2, Ed. Paidós, Barcelona , l987

[4] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Pina Bausch; Danza Abstracta y Psicodrama Analítico”, En Margen Cero, Madrid, 2006, http://www.margencero.com/articulos/articulos3/bausch.htm

[5] AKSENCHUK, Rosa, “La Muñeca” (‘La Poupée’); simulacro y anatomía del deseo en Hans Bellmer, en Revista Observaciones Filosóficas, Nº 4, 2007, http://www.observacionesfilosoficas.net/lamuneca.html

[6] BERNÁRDEZ RODAL, Asun, “Espacio expresivo y cuerpo extremo: una experiencia del límite”, Facultad de Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid, 2007.

[7] La producción de deseos es inconsciente, como bien vio Freud. Pero en lugar de la producción de deseos Freud instauró un teatro burgués, porque instauró en el inconsciente la mera representación. En cambio, el deseo tiene poder para engendrar su objeto. Las necesidades derivan del deseo, y no al revés. Desear es producir, y producir realidad. El deseo como potencia productiva de la vida. La máquina deseante es un sistema de producir deseos; la máquina social es un sistema económico-político de producción. En la máquina deseante ven Deleuze y Guattari ante todo flujos. Toman la idea de Lawrence: la sexualidad es flujo. Todo deseo es flujo y corte. Flujo de esperma, de orines, de leche, etc.

[8] Ibid.

[9] NANCY, Jean Luc; Corpus. Ed. Arena Libros, Madrid, 2003

[10] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Peter Sloterdijk y Nietzsche; De las antropotecnias al discurso del posthumanismo y el advenimiento del super-hombre”, Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Nº 3, 2006, Buenos Aires, http://www.psikeba.com.ar/articulos/AVRsloterdijk-nietzsche.htm

[11] Fragmentación, hibridación, desgarro e incluso morbosidad, son algunos de los adjetivos que podemos otorgar a la obra de ciertos artistas que -como Francis Bacon- han tratado el cuerpo humano de una manera violenta para hacernos despertar de ese sueño de la razón de poseer un cuerpo que ignore la muerte y el sufrimiento. Esta reivindicación de la corporalidad desde su vertiente más trágica y perecedera podría ser también la base de manifestaciones aparentemente más banales como las nuevas tendencias en la body-moda, estrategias adolescentes de escenificar y decorar (intervenir) su cuerpo, como el tatuaje y el piercing.

[12] DELEUZE Y GUATTARI, Gilles y Felix, El Cuerpo sin Órganos, 2000; El Anti Edipo: Capitalismo y Esquizofrenia, Barcelona, Paidós, 1995

[13] DELEUZE Y GUATTARI, El Cuerpo sin Órganos, 2000: 156

[14] DELEUZE Y GUATTARI, El Cuerpo sin Órganos, 2000: 158

[15] NANCY, Jean- Luc, El Intruso, Éditions Galilée, París, 2000 Traducción: Margarita Martínez, Buenos Aires, Amorrortu, 2006, Colección Nómadas.

[16] NANCY, Jean Luc; Corpus. Ed. Arena Libros, Madrid, 2003

[17] NANCY, Jean Luc; Corpus. Ed. Arena Libros, Madrid, 2003

[18] MATELLI, Federica, “Jean Luc Nancy Corpus, pensamiento oblicuo”, en Action Art, Barcelona, 2006.

[19] NANCY, Jean Luc; Corpus. Ed. Arena Libros, Madrid, 2003

[20] NANCY, Jean Luc, El olvido de la filosofía, Arena, 2003

[21] NANCY, Jean- Luc, La Experiencia de libertad, Editorial Paidós, Barcelona, 1996.

[22] LIHN, Enrique, Diario de Muerte, Editorial Universitaria, Santiago, 1990.

[23] BAUDRILLARD, Jean, La Transparencia del Mal, Editorial Anagrama, Barcelona, 2001, p. 70.

[24] NANCY, Jean- Luc, El Intruso, Éditions Galilée, París, 2000 Traducción: Margarita Martínez, Buenos Aires, Amorrortu, 2006, Colección Nómadas.

[25] NANCY, Jean- Luc, El Intruso, Éditions Galilée, París, 2000 Traducción: Margarita Martínez, Buenos Aires, Amorrortu, 2006, Colección Nómadas.

[26] NANCY, Jean- Luc, El Intruso, Éditions Galilée, París, 2000 Traducción: Margarita Martínez, Buenos Aires, Amorrortu, 2006, Colección Nómadas.

LAS METAFORAS CUERPO EN LA FILOSOFÍA DE JEAN-LUC NANCY
NUEVA CARNE, CUERPO SIN ÓRGANOS Y ESCATOLOGÍA DE LA ENFERMEDAD

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Adolfo Vásquez Rocca

Details der Publikationsliste

Zeitraum

2004 – 2008

Anzahl

LAS METÁFORAS CUERPO Y ESCATOLOGÍA DE LA ENFERMEDAD EN JEAN-LUC NANCY Por Adolfo Vásquez Rocca

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EL DR. ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA ESCRIBE SOBRE HUMBERTO MATURANA

junio 11, 2008
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Dr. Humberto Maturana por Adolfo Vásquez Rocca

FILOSOFÍA DE LA CIENCIA; ‘OBJETIVIDAD’ Y TEORÍA DEL CONOCIMIENTO por Adolfo Vásquez Rocca

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Filosofía Ciencia y Verdad – Dr. Adolfo Vásquez Rocca

HUMBERTO MATURANA

EMOCIONES Y LENGUAJE EN EDUCACION Y

POLITICA

La Emoción en la Construcción de la Teoría; Crítica a la pretensión de objetividad en el conocimiento1

Nosotros hablamos como si lo racional tuviese un fundamento trascendental que le da validez universal independiente de lo que nosotros hacemos como seres vivos. Eso no es así. Todo sistema racional se funda en premisas fundamentales aceptadas a priori, aceptadas porque sí, aceptadas porque a uno le gustan, aceptadas porque uno las acepta simplemente desde sus preferencias. Y eso es así en cualquier dominio, ya sea el de las matemáticas, el de la física, el de la química, el de la economía, el de la filosofía, o el de la literatura. Todo sistema racional se funda en premisas o nociones fundamentales que uno acepta como puntos de partida porque quiere hacerlo y con las cuales opera en su construcción.

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Dr. Humberto Maturana por Adolfo Vásquez Rocca


Las distintas ideologías políticas también se fundan en premisas que uno acepta como válidas y trata como evidentes de partida porque quiere hacerlo. Y si uno esgrime razones para justificar la adopción de esas premisas, el sistema racional que justifica esas razones se funda en premisas aceptadas porque sí, porque uno consciente o inconscientemente así lo quiere.

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Observen ustedes que existen dos tipos de discusiones entre las personas. Hay discusiones, desacuerdos, que se resuelven sin que uno vaya más allá de ponerse colorado. Si yo digo que dos por dos es igual a cinco y ustedes me dicen: “¡no hombre, no es así! Mira, la multiplicación se hace de esta manera”, mostrándome cómo se constituye la multiplicación, yo a lo más digo, “¡ah! de veras, tienes toda la razón, disculpa”. Si esto ocurre, lo peor que me puede pasar es que me ponga colorado y tenga un poco de vergüenza. También puede ser que no me importe nada, porque el desacuerdo no tiene nada más que un fundamento lógico ya que sólo hubo un error al aplicar ciertas premisas o ciertas reglas operacionales que yo y el otro aceptábamos. Nuestro desacuerdo era trivial; pertenecía a la lógica.

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Arte Ciencia y Biología contemporánea Adolfo Vásquez Rocca

Nunca nos enojamos cuando el desacuerdo es sólo lógico, es decir, cuando el desacuerdo surge de un error al aplicar las coherencias operacionales derivadas de premisas fundamentales aceptadas por todas las personas en desacuerdo. Pero hay otras discusiones en las cuales nos enojamos (es el caso de todas las discusiones ideológicas); esto ocurre cuando la diferencia está en las premisas fundamentales que cada uno tiene. Esos desacuerdos siempre traen consigo un remezón emocional, porque los participantes en el desacuerdo viven su desacuerdo como amenazas existenciales recíprocas.

Desacuerdos en las premisas fundamentales son situaciones que amenazan la vida ya que el otro le niega a uno los fundamentos de su pensar y la coherencia racional de su existencia. Por eso existen disputas que jamás se van a resolver en el plano en que se plantean. Por ejemplo, la guerra en Irlanda del Norte no tiene solución a menos que un acto declarativo saque a ambos bandos del espacio religioso donde, dentro de los fundamentos de una creencia, niegan los fundamentos de la otra, y los lleve a un dominio de mutuo respeto. No basta con que se reúnan a conversar los bandos oponentes desde la tolerancia al error del otro. Si lo hacen así, terminarán peleándose, porque ambos bandos están defendiendo sistemas que, aunque coherentes en sí, tienen premisas fundamentales diferentes que se excluyen mutuamente, y que sus cultores aceptan o rechazan no desde la razón sino que desde la emoción: las premisas fundamentales de una ideología o de una religión se aceptan a priori y, por lo tanto, no tienen fundamento racional. Más aún, si uno llega a proponer un argumento racional

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Congreso Educación Lenguage y Lógica Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Para escoger estas u otras premisas, reclamando para su sistema ideológico un fundamento racional, uno lo hace ciego a lo dicho más arriba, esto es, lo hace ciego al hecho de que las premisas fundamentales últimas que fundamentan la racionalidad del argumento convincente las aceptamos a priori. Por esto, no podernos pretender una justificación trascendente para nuestro actuar al decir: “esto es racional”. Todo argumento sin error lógico es obviamente racional para aquel que acepta las premisas fundamentales en que éste se funda.

Lo humano se constituye en el entrelazamiento de lo emocional con lo racional. Lo racional se constituye en las coherencias operacionales de los sistemas argumentativos que construimos en el lenguaje para defender o justificar nuestras acciones. Corrientemente vivimos nuestros argumentos racionales sin hacer referencia a las emociones en que se fundan, porque no sabemos que ellos y todas nuestras acciones tienen un fundamento emocional, y creemos que tal condición sería una limitación a nuestro ser racional. Pero ¿es el fundamento emocional de lo racional una limitación? No, muy por el contrario.

Objetividad y relaciones humanas.

En la vida cotidiana, consciente o inconscientemente, nos movemos en los dos caminos explicativos mencionados. En el momento en que uno se junta con personas que pertenecen al dominio de aceptación mutua en que uno se mueve, como cuando uno se reúne con sus amigos, uno opera en la no imposición de una “objetividad” -que de todos modos sería ilusoria. . Esto es así porque en estos casos no importa lo que los otros opinen o piensen, o los intereses que tengan, o si se mueven en dominios de coherencias de acción diferentes a los de uno, uno los acepta sin duda alguna. En el camino explicativo del pluralismo no hay verdad absoluta ni verdad relativa sino muchas verdades diferentes en muchos dominios distintos. En este camino explicativo hay muchos dominios distintos de realidad como distintos dominios explicativos de la experiencia fundados en distintas coherencias operacionales y como tales, todos son legítimos en su origen, aunque no iguales en su contenido, y no igualmente deseables para vivirlos. En el camino explicativo de la objetividad entre paréntesis el que a uno le guste la física y al otro la biología, o el que uno sea cristiano y el otro musulmán, no crea una dinámica de negación en la convivencia, no excluye al otro.

1 Precisamente, por su carácter elemental y muy didáctico aquí me permito citar algunas tesis expuestas y divulgadas por el Prof. Dr. H. Maturana, en “Emociones y Lenguaje en Educación y Política”. En esta Bitácora para mis Cátedra de Epistemologia y Filosofía de la Ciencia (con mi particular interés en las conexiones con la Estética Contemporánea iré agregando Artículos y Textos de mi producción intelectual -que en su oportunidad he ido elaborando al hilo de las clases impartidas en estos últimos años en Universidades de Santiago y Valparaíso, así como en Congresos y Conferencias internacionales.

Ver:

LA EPISTEMOLOGÍA DE FEYERABEND: ESQUEMA DE UNA TEORÍA ANARQUISTA DEL CONOCIMIENTO, Adolfo Vasquez Rocca,

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Emociones y Lenguaje en Educación y Política Dr. Adolfo Vásquez Rocca

2

¿Qué es un argumento objetivo? Cuando queremos convencer a alguien presentamos este argumento, pretendiendo que la realidad es universal y que esa realidad nosotros la hemos aprehendido racionalmente. Si el otro persiste en sus argumentos, lo trataremos de ilógico o de absurdo. Pero ¿cómo se conecta la razón con la realidad? ¿Nos permite la razón acceder a la realidad?

La respuesta implícita o explícita que cada uno da a la pregunta acerca de la realidad determina el modo de vida y con ello la aceptación o rechazo del otro.

En este ensayo abordaremos la pregunta de la realidad considerando al observador con una entidad biológica. Sostienendo que sólo se puede responder a esta pregunta siempre que observación y conocimiento sean explicados como un fenómeno biológico generado a través de la operación del observador como un ser vivo.

Filosofía Ciencia y Verdad – Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Análisis.

Entenderemos las representaciones desde la perspectiva Constructivista: como las construcciones simbólicas sobre la realidad que los seres humanos creamos desde y con el lenguaje. Entendiendo el lenguaje no sólo como instrumento que hace posible la comunicación sino como fenómeno histórico y cultural dotado de valoraciones, de prohibiciones y concesiones, de legitimaciones y descalificaciones que toman vida en el uso y la recreación del mismo lenguaje.

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Filosofía Ciencia y Verdad – Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Comunidad y Perspectivismo.

Hablamos de comunidad, pero ¿qué es una comunidad? Podemos mirar una comunidad como una red de procesos, actos, encuentros, conductas, emociones, técnicas, que configuran un sistema de relaciones, un modo de convivir que penetra todos los aspectos del vivir de los niños.

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En el origen de la humanidad, y en las tempranas culturas, no había educación como una actividad especial en la vida de los niños que crecían dentro de la comunidad. Los niños aprendían todas las prácticas y dimensiones relacionales de su vida como miembros de la comunidad humana a la cual pertenecían, viviendo todas sus dimensiones en su vida diaria.

En nuestra cultura los niños viven separados de la comunidad a la cual se supone pertenecen, pasando la mayor parte de su tiempo en el jardín infantil o en un lugar especial para niños pequeños. Esto ocurre precisamente en el periodo de sus vidas en que debieran estar creciendo como seres humanos bien integrados, socialmente conscientes y ecológicamente alertas al participar en la vida de su comunidad. De ahí la importancia de considerar en la planificación diaria la participación de los niños en actividades que los hagan sentir parte de su comunidad, que la conozcan y la valoren.

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Filosofía Ciencia y Verdad - Dr. Adolfo Vásquez Rocca

La comunidad, con sus canchas, plazoletas, iglesias y consultorios, la televisión, la radio, configuran en su conjunto una red de conversaciones que define cotidianamente lo deseable y lo indeseable, lo hermoso y lo feo, lo aceptable y lo inaceptable, en el convivir de la comunidad a la que los niños pertenecen. De manera que los niños aprenden la trama emocional que se vive en la comunidad humana que les toca vivir simplemente al vivirla, cualquiera que ésta sea.

La convivencia a que damos origen niños, padres y educadores en el espacio educacional de nuestra cultura y comunidad, depende del punto de vista que tengamos de lo que es o debiera ser la educación. Pero construimos nuestros puntos de vista influidos a su vez por la perspectiva que nuestra cultura tiene acerca del conocimiento, la vida, la existencia,…

Decimos que la educación tiene que ver con el alma, la mente, el espíritu, es decir, con el espacio relacional o psíquico que vivimos y que deseamos que vivan nuestros niños. Las cosas particulares que nuestros niños puedan hacer en la vía de su realización es asunto de conocimiento, aprendizaje y enseñanza. La educación tiene que ver con llegar a ser seres humanos.

Es tarea nuestra hacer uso de la enseñanza como un medio para educar al niño en la creación de los espacios de vida que lo llevarán a ser un ser humano responsable, socialmente consciente, que se respeta a sí mismo y a los demás.

Lenguajes y Emociones.

El lenguaje es un modo de vivir juntos en el flujo de las coordinaciones recurrentes de nuestras acciones.

Es nuestra vida en el lenguaje lo que nos hace humanos. Dado el tipo particular de primates bípedos que somos, el lenguaje nos hace humanos.

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Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Hacemos cosas con nuestros cuerpos (incluyendo el sistema nervioso), y fluimos en el lenguaje en nuestras interacciones diarias. La estructura de nuestros cuerpos cambian según nuestro modo de fluir en el lenguaje (basta mirar la ampliación en el tamaño del cerebro que significó el uso del lenguaje en nuestros primeros antepasados). Nada de lo que hacemos en el lenguaje es irrelevante, porque nos transformamos en nuestros cuerpos según lo que hacemos en el lenguaje, y hacemos en nuestro lenguaje según lo que se transforma en nuestros cuerpos.

A medida que el niño aprende a usar el lenguaje, crea con otros diferentes modos de vida, dado los diferentes hechos en los que participa; y llega a ser en su cuerpo según el uso del lenguaje en el cual crece. Como resultado, cuando adulto, crea el mundo que vive como una expansión del mundo que creó cuando niño.

Los seres humanos existimos también en el flujo de nuestras emociones. Cuando distinguimos emociones en la vida diaria, distinguimos diferentes tipos de conductas relacionales, y al fluir de una emoción a otra, cambiamos de ciertas conductas a otras.

Cuando se distingue una emoción en un niño, vemos en ella una dinámica corporal (sistema nervioso incluido) que especifica lo que el niño puede o no puede hacer en cualquier momento.

Por ejemplo:

Amor: El amor es la emoción a través de la cual el otro aparece como un otro legítimo en coexistencia con uno.

Agresión: La agresión es la emoción a través de la cual el otro es negado directa o indirectamente como un legítimo otro en coexistencia con uno.

Indiferencia: La indiferencia es la emoción a través de la cual el otro no es visto como otro. En la indiferencia, el otro no tiene presencia, y lo que le sucede a él o ella está fuera del dominio de nuestras preocupaciones.

Los niños crecen como seres humanos entrelazando lenguaje y emociones en su vida cotidiana. Entendemos por conversaciones al entrelazamiento continuo entre emociones (dominios relacionales) y lenguaje (coordinaciones de conducta). Todo lo que los seres humanos hacemos como tales, lo hacemos en conversaciones.

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Filosofía Arte y Educación Dr. Adolfo Vásquez Rocca

En la conversación con el niño, el niño se revela en todas sus dimensiones, transparenta su mundo de intereses, sentimientos, necesidades, gustos, experiencias, y es a partir de estas conversaciones desde donde empezamos a construir un espacio de aprendizaje mutuo.

La emoción cambia el lenguaje, pero a medida que mana el lenguaje, el lenguaje también puede cambiar la emoción.

Cómo vivimos o qué modo de vida realizamos, depende de nuestra emocionalidad, no de nuestra razón. La educación, en la medida que tiene que ver con la configuración del modo de vida del niño que crece, es una tarea que tiene que ver con el espacio psíquico emocional que el niño aprende a vivir en la casa, en el colegio, en la Universidad.

El modo de vivir que ahora vivimos está determinado por la emocionalidad, por el espacio psíquico emocional que aprendimos a vivir desde niños, no por el conocimiento, o los tipos de argumentos racionales que podamos haber acumulado a lo largo de nuestra vida. Ver esto es crucial, lo central de la educación es la dinámica de llegar a ser humano, como personas responsables, socialmente conscientes y que se respetan a sí mismas.

Los niños llegan a ser según sean las conversaciones en las cuales participan. En el fluir de sus vidas no hay conversaciones triviales. En la medida en que los adultos entendamos esto podremos dar paso a interacciones basadas en el respeto y la colaboración. Cualquier niño que se sienta escuchado se dispone a la creatividad, aprende a escuchar, vive su seguridad consciente de sus límites y fortalezas.

Decimos que las culturas son redes de conversaciones, con esto queremos decir, redes de coordinaciones de haceres y emociones. Es la emocionalidad que se realiza en la red la que configura su carácter, no las conductas particulares realizadas por sus miembros.

Siempre vivimos en una cultura, somos miembros partícipes de una cultura. Conservamos nuestra cultura al hacer lo que hacemos a través de nuestra participación en la red de conversaciones que la constituye.

Emociones y Conocimiento.

Los seres humanos somos seres biológicamente amorosos como un rasgo de nuestra historia evolutiva. El amor ha sido la emoción central conservada en la historia evolutiva que nos dio origen desde hace unos cinco a seis millones de años atrás.

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Filosofía Ciencia y Verdad - Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Los niños –también los adultos- se enferman cuando se les priva del amor como la emoción fundamental en la cual transcurre su existencia relacional con otros y con ellos mismos. La carencia afectiva produce niños con trastornos conductuales (ansiedad, agresividad, falta de interés, desmotivación, inseguridad, tristeza, etc.).

El lenguaje, como rasgo cultural, junto con la amorosidad, como rasgo biológico, constituyen el núcleo del modo de vida conservado generación tras generación, que nos definió como seres humanos en nuestra historia evolutiva hace tres o más millones de años.

La biología del amor es la dinámica relacional que origina la calidad de lo humano en la historia de nuestro linaje.

Cuando hablamos implicamos, evocamos o connotamos la biología del amor.

El amor es una emoción, es un modo de vivir juntos, un tipo de conductas relacionales en los sistemas humanos. El amor se produce cuando en nuestra vida e interacción con otros, el otro, no importa quién o qué sea, surge como otro legítimo en coexistencia con nosotros. El amor (el amar) es la emoción que constituye y conserva la vida social.

Inteligencia y Plasticidad.

Mientras mayor sea la plasticidad estructural de un organismo, mayor es su capacidad de conducta inteligente en la interacción con otros, generando nuevos ámbitos de acción o expandiendo aquellos que ya existen.

La plasticidad estructural requerida para vivir en el lenguaje es tan enorme que todos los niños, todos los seres humanos, somos igualmente inteligentes o capaces de conducta inteligente. Es la enseñanza la que debe sintonizarse a las distintas maneras en que los niños viven su plasticidad estructural para aprender, conocer, expresar, convivir, etc. Esto significa respetar los ritmos y dinámicas en los que sucede el aprender en los niños, escuchando sus fortalezas, limitantes y potencialidades en cada caso.

Con todo, la conducta inteligente del niño puede tornarse restringida o expandida según el flujo emocional que emerge en su convivencia con sus educadores y sus padres. Así, el temor, la envidia, la rivalidad, restringen su conducta inteligente, porque estrechan el espacio de relaciones en el que el niño se mueve. Sólo el amor expande la inteligencia, al ensanchar el espacio de relaciones en el cual opera el niño, ampliando su ámbito de lo posible.

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Los niños son seres que aprenden. Son seres que aprenden tanto en los dominios emocional como racional. Sin embargo, aprenden y aprenderán a vivir cualquier tipo de vida que les toque vivir. La emocionalidad que los niños viven en su niñez es conservada por ellos como fundamento del espacio psíquico que generarán como adultos. Su niñez es tanto su tesoro como su azote.

II

Competencia o  colaboración; Humberto Maturana.

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Competencia o colaboración; por Humberto Maturana.

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HUMBERTO MATURANA EMOCIONES Y LENGUAJE EN EDUCACION Y POLITICA

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Material para el curso de Teoría de Sistemas. Extracto del texto Emociones y Lenguaje en Educación y Política. Dr. Humberto Maturana R.

La tiranía de los empresarios ¿Cómo calificaría a la sociedad chilena en términos de conviviencia, armonía y respeto?

Vivimos en una cultura que tiene muchas dimensiones de codicia y de vanidad, pero, al mismo tiempo, están presentes la sensibilidad y la solidaridad. Aunque la colaboración es difícil en este país; son más fáciles las alianzas y éstas no son buenas, ya que son acuerdos de acciones temporales. En la colaboración no se está esperando un resultado, sino que se está participando con otro en la creación de algo. Si queremos una convivencia democrática tenemos que pensar en la colaboración, no en la alianza, porque ésta la niega.

¿En estos momentos los criterios económicos se consideran por sobre los demás? Creo que sí. Este país está enfermo de ceguera competitiva; de este afán por saber lo que se tiene; de tener certidumbres, como: “Nosotros los empresarios sabemos lo que hay que hacer”. ¿Los empresarios se creen dueños de la verdad? Exactamente. Entonces, ¿qué es lo que se genera?: tiranía. O se empuja hacia ella. Lo que Chile y nosotros necesitamos es estar dispuestos a colaborar en la creación del bienestar de toda la comunidad.

¿Confía en que sea posible lograr esta colaboración de todas las personas para un proyecto común?

No me cabe la menor duda. Si uno abre un espacio que invita honestamente a la colaboración, surge la posibilidad. Lo otro que pasa en este momento es que todos están preocupados por la imagen; en el fondo, están preocupados de mentir. La imagen es lo que uno no es. Siempre. Yo no soy lo que el otro ve, de modo que lo único que puedo desear es conducirme como soy para que el otro vea, en el fluir de la vida, lo que realmente soy. Cada vez que a uno le preocupa la imagen, lo que quiere es aparentar lo que no es. Si soy honesto, no tengo que tratar de serlo… ¿No cree que el ser humano es ambicioso por naturaleza y ante la opción de ser igual o mejor que el otro, siempre escogerá ser mejor? No, no creo eso. A los seres humanos les gusta ser ellos, sobre todo si están en un espacio de respeto. Pero ser uno no quiere decir ser mejor que otro. La competencia es un elemento cultural que está centrado en la lucha, en la relación de poder. Es ahí donde estamos constantemente tratando de ser mejores que otros. Pero no es natural, ni de la biología, sino que una creación humana que implica la negación del otro. Además, la competencia estimula la codicia. ¿Chile ha perdido identidad? Sí. Creo también que la manera en que se plantea la noción de globalización es engañadora. Y no es posible participar en espacios globales si no se tiene una identidad propia, porque uno desaparece arrastrado por estas búsquedas que vienen de otras partes. Los chilenos ahora pensamos que lo extranjero es lo mejor. Nos falta respeto por nosotros mismos. Encuentro vergonzoso que los empresarios tengan su dinero invertido afuera y estemos aquí esperando que lleguen extranjeros para resolver nuestros problemas económicos. ¡Este es un tema soluble!, es cosa de que nos pongamos de acuerdo, de que hagamos un gran proyecto nacional y colaboremos. Empresarios, gobierno, políticos de derecha, políticos de izquierda, trabajadores, estudiantes. ¡Hagámoslo todos en conjunto!, para que este país sea generador de bienestar en una convivencia democrática. “Terminaremos como en Calcuta” Usted es un hombre optimista que siempre ha dicho que problemas graves, como la contaminación y el crecimiento demográfico, tienen solución. Absolutamente. Y creo que no es posible que la pobreza desaparezca si no hay estabilidad)de la población. Este país duplica su cantidad de habitantes cama 20 años. Lo más probable es que en 30 años más seamos 30 millones de personas. ¿Qué va a pasar? ¿Cómo se va a lograr el bienestar? Creo que la población tiene que empezar a tomar acciones sobre la planificación familiar. Y para eso, hay que enseñar, ilustrar, entregar conocimientos. Pero con una actitud que no respeta la educación sexual, que ve cualquier sugerencia para la regulación del tamaño de la familia como una invitación al aborto, no hay ninguna posibilidad. Esta situación es el camino a lo que yo llamo “la calcutización del país”, ya que terminaremos como en Calcuta, donde la gente se muere de hambre en la calle. ¿Es partidario de la píldora del día después? Pienso que actualmente es fundamental para la humanidad la regulación del crecimiento de la población, porque el desborde va a generar una miseria inimaginable. Una familia que tiene un número indefinido de hijos con un presupuesto pequeño genera pobreza. Ahora, para que haya una regulación consc`ente y responsable, tienen que estar a la mano los instrumentos de regulación de la natalidad. La píldora del día después es uno de ellos. Y yo)soy partidario me ella, además, porque la vida sexual es un aspecto importante del bienestar de la familia. Hecha con ternura en un espacio acogedor y deseable, es el elemento que le da solidez y permanencia a la pareja. ¿Cómo cree que se debería regular el uso de esta píldora? Uno debe respetar a las personas y dejarlas que escojan. Si se puede usar la píldora van a disminuir las peticiones de aborto. Ninguna mujer se hace un aborto por placer, si lo hace es porque hay una situación donde el nacimiento de un hijo resulta destructor. Entonces, cualquier procedimiento, como la píldora del día después u otras prácticas que se puedan realizar sin interferir con el espacio de intimidad de la vida sexual, es fundamental. El problema es que hay círculos muy cerrado que van a hacer lo imposible por evitar que se permitan este tipo de medidas. Por eso es que hay que abrir espacios de reflexión sobre qué pasa con los niños deseados y los no deseados; sobre el mundo y qué podemos hacer con el que estamos creando. Ahí vamos a descubrir que la gente tiene mucha más sensibilidad y finura de pensamiento. ¿Cómo se podría abrir a la reflexión a la Iglesia? En la parábola del sembrador, unas semillas caen en las rocas, otras empiezan a crecer y se marchitan y otras caen en la buena tierra. Ese es el tema. Si queremos bienestar tenemos que tener buena tierra. Jesús no está diciendo que todas las semillas tienen que vivir.

HUMBERTO MATURANA EMOCIONES Y LENGUAJE EN EDUCACION Y POLITICA

Material para el curso de Teoría de Sistemas. Extracto del texto Emociones y Lenguaje en Educación y Política. Dr. Humberto Maturana R. …
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Dr. Adolfo Vásquez Rocca

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El origen de lo humano por Humberto Maturana

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Dr. Humberto Maturana por Adolfo Vásquez Rocca

El origen del lenguaje, como un dominio de coordinaciones conductuales consensuales, exige una historia de encuentros recurrentes en la aceptación mutua intensos y prolongados.

Maturana describe el lenguaje como un fluir en “coordinaciones de acciones consensuales de coordinaciones de acciones consensuales” que se da en la relación, y sostiene que para explicarlo como fenómeno biológico hay que mostrar cómo surge la “recursión” de las coordinaciones de acciones consensuales en la historia de interacciones del ser humano, por lo que “el observador debe proponer un mecanismo biológico generativo del cual resulte el lenguaje como una consecuencia de su operación, en el contexto de la satisfacción del criterio de validación de las explicaciones científicas” (Maturana, op. cit.: 50). Propone que, en el origen, el lenguaje debió ser consecuencia de un sistema de vida posibilitado por la conservación de un emocionar básico: la aceptación del otro en la convivencia, donde pudo darse la “recurrencia” de las interacciones entre miembros de un grupo permitiendo la coordinación de sus conductas y su desarrollo en coordinaciones de acciones consensuales; esto es, en conductas (relacionales) que un observador puede distinguir como producto de una historia particular de interacciones de los participantes, porque entiende que existe una especie de mutuo entendimiento práctico y que esas conductas no podrían haber surgido independientemente de esa historia. Dicho de otro modo, el operar en coordinaciones de acciones consensuales corresponde a comportamientos que hoy, como observadores de seres vivos que los realizan, rotulamos de sociales. En nuestra historia, en algún momento, la conservación de la participación en esta clase de coordinaciones de acciones habría posibilitado su “recursividad”, es decir, la aplicación en las nuevas interacciones del resultado del operar en anteriores coordinaciones de acciones consensuales de los miembros del grupo (coordinación de la coordinación), y no sólo de su repetición. Cuando esto ocurre, surge el lenguaje y en él, no con él, el mundo de objetos o entidades. De este modo, Maturana plantea que pertenecemos a una historia evolutiva que adquiere el carácter humano en el momento en que surge el lenguaje entrelazado con el emocionar propio de los mamíferos. Para él, la aceptación recíproca es el fundamento de la coordinación conductual consensual y la condición necesaria para su expansión en la convivencia social que es donde se generan todos los dominios de acciones de los seres humanos (Maturana, H. 1990).

En esta perspectiva, el lenguaje como fenómeno social se funda en la emoción de aceptación del otro que es propia de nuestra biología y que sería la emoción fundamental que hace posible nuestra historia evolutiva. A esta emoción Maturana la llama amor, y al respecto dice: “… cuando hablo de amor no hablo de un sentimiento ni hablo de bondad o sugiriendo generosidad. Cuando hablo de amor hablo de un fenómeno biológico, hablo de la emoción que especifica el dominio de acciones en las cuales los sistemas vivientes coordinan sus acciones de un modo que trae como consecuencia la aceptación mutua, y yo sostengo que tal operación constituye los fenómenos sociales” (Maturana 1997: 86).

Lo anterior implica que sólo en el espacio relacional en el cual el amor tiene presencia se puede dar en el niño, al comienzo, la “recurrencia” de las interacciones que permite la expansión de las primeras coordinaciones de acción y su desarrollo en coordinaciones de acciones consensuales, las que al hacerse “recursivas” van a constituir lenguaje propiamente tal. Cuando esto pasa surge el mundo de objetos y el niño empieza a hacer referencia a aquello que distingue. Antes del lenguaje esto no es posible, porque sólo con el observador existe lo observado.

Se considera poeta en el sentido de la mirada que capta las coherencias de la existencia; más que la crítica, le interesa la reflexión que amplía esa mirada y que permite una conducta responsable. Las ideologías son precisamente contrarias a las virtudes de la reflexión. Ellas operan tratando como verdades referentes ciertas ideas que se consideran como válidas en sí, sobre las cuales no hay reflexión, son dueñas de “la verdad”, la verdad es enemiga de la reflexión. La única manera de no estar atrapado en un ideología es tener un espacio reflexivo siempre abierto en función de algunos propósitos humanos, sociales, éticos. Hoy en día no hay fin de las ideologías por cuanto se vive en la del libre mercado y de la libre empresa.

Maturana ha contribuido a rechazar el racionalismo objetivista, poniendo énfasis en el lenguaje, en la experiencia humana y el involucramiento del conocimiento en el ser total, estableciendo la unidad entre cuerpo y mente que hasta entonces se veían separados. Lo básico es la mutación de la noción de realidad y la del observador. Precisamente la noción de ciencias de la complejidad ha emergido en los últimos años como parte de una síntesis de ciertas disciplinas tradicionales como la biología, la física y las matemáticas. Se está cambiando el acceso a una realidad única, independiente del observador; proponen tantas realidades como modos de vivir surgen en cada ser en función de los lenguajes en que habitan. Javier Torres Navarrete, en el prólogo a La realidad: øobjetiva o construida?, señala que Maturana es el pensador que ha dado con el principio teórico de más radicalidad para entender el gran número de esferas y problemas de la sociedad contemporánea. En adelante veremos por qué el amor es el fundamento biológico de todo fenómeno social, noción acotada a partir del concepto de autopoiesis, circunscrito a la biología pero proyectándose como una cosmovisión que supera sus fronteras sin discontinuidad entre lo social, lo humano y lo estrictamente biológico.

El lenguaje consiste en un operar recurrente denominado coordinaciones de coordinaciones conductuales consensuales. Según estas coordinaciones, cada palabra o gesto no está relacionado con algo exterior a nosotros, sino con nuestro quehacer con los otros. Es precisamente ese quehacer, y las emociones que están en su base, lo que especifica y da a nuestras palabras su significado particular. Por esto, a nivel de la experiencia inmediata no se puede diferenciar lo que es una ilusión de una percepción; esto sólo se logra en el lenguaje. Sólo a través del lenguaje el ser humano puede explicar su experiencia en el vivir y asimilarla a la continuidad de su praxis de vida, el “comprender” es inseparable de la experiencia humana. Lo racional tiene una base emocional y esto explica por qué no se puede convencer a nadie con un argumento lógico si no se ha aceptado antes su premisa “a priori”. Por eso, además, el lenguaje más que un sistema simbólico, es coordinaciones de acciones. Es precisamente en lo “consensual” donde los seres vivos humanos consiguen reconocer en la experiencia y alcanzar el acuerdo, que es, en definitiva, el intercambio de una comunicación lograda; más que “mensajes”, los sujetos han experimentado desde sus conductas el auténtico sentido de la comunicación. Si las estrategias escolares lograsen sintonía emocional, los niños en los liceos vivirían permanentemente el conocimiento desde la reflexión con la plena sensación de ser inteligentes; desgraciadamente es más frecuente que no ocurra.

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Doctor en Filosofía y Teoría del Arte; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Pensamiento contemporáneo y Estética. Profesor de Antropología y de Estética -Departamento de Artes y Humanidades. Director de Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo. Profesor Asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado.

E-mail: adolfovrocca@gmail.com

LA EPISTEMOLOGÍA DE FEYERABEND: ESQUEMA DE UNA TEORÍA ANARQUISTA DEL CONOCIMIENTO, Dr. Adolfo Vasquez Rocca,

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